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28 de noviembre de 2011

San Lorenzo 5


San Lorenzo, 5 30003 Murcia
968 909 054
www.sanlorenzo5.com

CALIFICACIÓN MURCIAx20: 6,66

FECHA DE LA VISITA: 15/11/2011
TIPO DE ESTABLECIMIENTO: RESTAURANTE
AMBIENTE: URBANO
PRECIO POR PERSONA: 15 €

El cumpleaños gitano
Por Ariza en Tierra de Nadie

Nada de racismo hay en el título de la entrada. Al igual que se llama boda gitana a la celebración que dura tres días, llamo yo cumpleaños gitano a aquel en el que el o la cumpleañera soplan las velas más de tres veces en días distintos. Y me quedo corta. 

Mercedes cumplía años el viernes 18 de noviembre, y pidió al equipo que dedicara el Murciax20 de la semana a tal efeméride… el martes anterior. Una previa, que se dice. Como regalo añadido, Nuria se sumó de cuarta catadora, que no bloguera –danos tiempo para picarte–, y Pedro se quedó encargado de elegir el lugar. Para ir haciendo hambre, el anfitrión inició lo que me pareció una divertida gymkhana: desde Alfonso X íbamos las tres marías andando al son de sms: “Tenéis 3 min para llegar a la iglesia Merced. No llaméis”. Y sin haber llegado aún al segundo punto de encuentro: “Tenéis 3 min para llegar a la plaza Cetina. No llaméis”. Así las cosas, e imaginando que aparecería Pedro para llevarnos en coche a cualquier idílico lugar, una risa nos sorprende por la espalda; el susodicho sólo estaba mareando la perdiz al ver que íbamos a paso de tortuga y sin dirección alguna. 

Al final, y tras mucho suspirar a la entrada de El reloj de cuco, pasamos al interior de San Lorenzo 5, un restaurante de reciente apertura en el que no habíamos llegado a entrar ninguno de los cuatro. Comimos –cuánto me alegro de ser siempre precavida con la fideuá– relativamente bien, Mercedes sopló unas preciosas velas bicolor y Nuria y yo nos acercamos a comprobar cómo el baño de chicos estaba mucho más ‘avituallado’ que el de chicas, con ¡cepillos de dientes! Inaudito. 

Para la sobremesa recurrimos a un fijo, la terraza del Café Sol, y allí hubo más que palabras, porque se notó que la tarde de cumpleaños iba a ser medio alcohólica también. Comenzaba a caer la tarde-noche, y Pedro nos descubrió un lugar para visitar, comprar y entretenerse que no veas: el supermercado XianXian, junto a la pizzería La Góndola. De entrada es un chino más, de esos llenos de golosinas y pasadores de colores para el pelo. Pero no, en sus estanterías del fondo tiene desde diez tipos de salsa de soja hasta setas desecadas y huevos de pato, pasando por algas de todo tipo y condición, arroces y licores asiáticos. 

Acompañamos a Nuria, que sabiamente se batía en retirada, y Mercedes propuso para terminar una pinta en un australiano llamado Foster's, como la cerveza autóctona, por los alrededores de Santa Eulalia. Madre mía, qué calor hacía dentro y qué fresquita estaba la Paulaner de trigo. Y barata. Con dos o tres medias pintas de precumpleaños, parecía que la cosa se acababa ahí. Sin embargo, en el camino de vuelta nos esperaba la trampa: una caña más en el Gatico Negro, junto a Centrofama. No fue una, sino dos. Y entonces, sólo entonces, y casi a punto del miércoles, nos fuimos a casa. 

RELACIÓN CALIDAD-PRECIO: 7

Todo fachada
Por Pedro García-Ordás


En San Lorenzo 5 reservamos mesa para tomar el menú del día y aún así nos dejaron las cartas en la mesa, por si acaso. De primero pedimos fideuá, que nos sirvieron pasada y no muy caliente -error nuestro por confiar en que una pasta o arroz ya hecho puede estar bueno y declaración de intenciones del restaurante- y ensalada de las tristes. De segundo nos decidimos por bacalao sobre pisto y salsa de piquillo que sí nos gustó, morcilla con huevos estrellados y un pollo salteado con verduras que luchaba por encontrar su identidad, padre oriental y madre murciana, y quedó huérfano, dulce e insípido. Los postres consistieron en tarta de la abuela -con coco por encima que era el sabor que predominaba- y tarta de queso. Para beber tomamos el vino blanco de la casa.

Las expectativas eran muy grandes pero se desvanecieron nada más entrar, nos dieron a elegir entre dos mesas y cuando ya nos habíamos decidido por una, nos dijeron que estaba reservada, teniéndonos que conformar con la más cercana a la puerta -luego estuvimos bien-. Estoy convencido de que no es un mal restaurante, pero debían plantearse retirar el menú del día o ofrecer uno a la altura del lugar.


CREATIVIDAD: 6
MATERIA PRIMA: 6,5
ELABORACIÓN: 7
VINO: 7
PAN: 6,5
POSTRES: 6,5

Imagen y servicio
Por Mercedes F Morote

FACHADA: 7
TERRAZA: -
DECORACIÓN: 6,5
SERVICIO: 6
PRESENTACIÓN DEL PRODUCTO: 6
IMAGEN DEL PERSONAL: 8
LIMPIEZA: 7
BAÑOS: 5
VAJILLA: 8


29 de octubre de 2011

Vinotinto

Cánovas del Castillo, 8 30003 Murcia
968 223 584

CALIFICACIÓN MURCIAx20: 8,5

FECHA DE LA VISITA: 8/11/2011
TIPO DE ESTABLECIMIENTO: RESTAURANTE
AMBIENTE: URBANO
PRECIO POR PERSONA: 15 €

La elección afortunada
Por Ariza en Tierra de Nadie

Esa sensación de ir al cine casi eligiendo al azar para acabar viendo una de las películas del año es una de las grandes satisfacciones de la vida. Me pasó con Distrito 9 –quien no la haya visto está más que a tiempo de ir al videoclub y maravillarse, aunque de entrada odie la ciencia ficción–, y me viene ahora a la memoria recordando la misión de Murciax20 al restaurante Vinotinto.

La ignorancia a veces es un gran ingrediente para cualquier receta. Para nosotros, no saber que se trataba de una franquicia, que lo es, jugó a favor. Tras reunirnos en el lateral del antiguo edificio de Correos, en la calle ídem y enfrente de la cafetería La Muralla, sin prejuicios entramos en el local un mediodía de martes.

Sólo sabíamos que había varios platos para elegir en el menú, de 15 euros, con un suplemento de 2 más por el entrecot. Todo, desde que nos sentamos, y a pesar de las pantallas de televisión de las que hablará Mercedes, fue de sobresaliente. La comida, el servicio, la opción de canjear la bebida del menú por una botella de vino para los tres… Sólo los puñeteros mantelitos de tela individuales que con vida propia bailaban bajo los platos le añadieron algo de suplicio a una comida del todo recomendable. Ah, y el fiasco de mi cámara nueva, que nos dejó un par de archivos medio insalvables y poco más que la retina para recordar la presentación del menú.

Después, con una mezcla de triunfo y estómagos agradecidos, pasamos directamente al café. Ni se mentaron los helados de yogur. La terraza de El Mallorquín sirvió para la sobremesa, junto al Atomic Bar de Santa Eulalia en el que tantos bailes me he echado con ‘Dirty Diana’, de Michael Jackson. Allí, un camarero entre dueño y acampado del 15-M –dicho con todo respeto por el movimiento– nos puso los cafés como podía habernos dibujado al natural por 10 euros. Daba la sensación de que estaba trabajando por casualidad, como por casualidad lo habíamos elegido a él para ponernos el café… y un brownie, ya que no hubo yogur. El tope, una franquicia por día.

RELACIÓN CALIDAD-PRECIO: 9,5

MurciaxVinotinto
Por Pedro García-Ordás


Mi imagen de este restaurante estaba construida por los comentarios de amigos que lo habían visitado anteriormente y se acercaba más a una franquicia sin alma que a un restaurante agradable, que es la idea con la que terminamos. El menú está compuesto por comidas sencillas de las que siempre apetecen: huevos estrellados, entrecot, verduras a la plancha, lubina a la parrilla. Una ventaja añadida es que todos son platos que se preparan en el momento y se sirven en condiciones óptimas. El servicio es amable y profesional.

Nuestras elecciones para los primeros consistieron en verduras a la plancha y salmorejo, las verduras en su punto -crujientes y sabrosas- y el salmorejo al gusto de las chicas -para mí llevaba demasiado pan-. En los segundos yo me decanté por el entrecot (suplemento de 2 €), Ariza por una lubina a la parrilla y Mercedes por los huevos estrellados con jamón -su dieta hiperproteica le hace suspirar por las patatas-. Todo son alabanzas a unas elaboraciones acertadas, a productos sencillos y de calidad -la carne no es la más tierna que he probado, pero hay que contar que el precio del menú no llega a lo que te suelen cobrar por el entrecot habitualmente-. Vino Tinto nos acabó de enamorar cuando en los postres nos dieron una verdadera tarta casera de queso, ¡qué difícil es encontrar una! y un cuarto de piña natural para Ariza -que sólo come la tarta de queso de su madre-. Redondeamos la jornada con un café que también entraba en el menú.

Cuando la tarde es soleada, tienes buen humor y descubres un nuevo sitio que no pensabas encontrar, tienes todas las papeletas para que la comida sea memorable, por eso concluimos que era buena idea convertir el blog en Murcia por Vino Tinto y quedar allí todas las semanas. De momento la moción no ha cuajado, pero yo ya tengo una excusa, como llevo el trabajo con retraso no me acuerdo del nombre del vino que tomamos, sí de que estaba bueno ¡tendremos que volver!


CREATIVIDAD: 7
MATERIA PRIMA: 8,5
ELABORACIÓN: 9
VINO: 8,5
PAN: 9
POSTRES: 8,5

Y lo demás no importa
Por Mercedes F Morote

Lo mejor de un lugar es que realmente el lugar no importe. Cuando la comida es buena, el servicio mejor y el disfrute máximo, las televisiones no importan. Porque en Vinotinto también hay televisiones, y no importan.

Vinotinto es una franquicia. Lo segundo mejor de un lugar que además sea una franquicia es que no lo parezca. Siempre hay pistas, y en este caso la fachada, despersonalizada, la estudiada decoración y un vistazo a la carta, quizá demasiado heterogénea, nos dan las indicaciones. Pero al menos en el caso de Murcia, la franquicia está bien gestionada y bien atendida, y de ningún modo aporta la sensación de restauración en cadena que me horroriza.

El restaurante consta de una barra totalmente vacía y algo abandonada (al menos a mediodía), que da paso, mediante un panel de omnipresente pizarra de franquicia (otra pista más), a una gran sala sin ventanas en la que se alinean largas mesas y bancos de madera. Lámparas de acero con una luz blanca poco acogedora y paneles de cristal en la bodega aportan el toque industrial, algo inquietante, que recuerda a los grandes comedores de colegios, hospitales o centros públicos. Digo que resulta inquietante por lo temporal, por la sensación de fugacidad en una primera visión no especialmente confortable. Lo curioso es que esa misma sensación desaparece desde el momento en el que tomas asiento.

El lugar no es especialmente cómodo, y los pequeños mantelillos de tela bajo el plato son demasiado móviles para mi gusto, pero eso tampoco importa. A los 5 minutos de llegar te encuentras bien, alegre, cómodo y contento por el trato que te ofrecen, por el ambiente distendido y por la inmejorable calidad y variedad del menú.

FACHADA: 7
TERRAZA: -
DECORACIÓN: 8
SERVICIO: 9,5
PRESENTACIÓN DEL PRODUCTO: 9
IMAGEN DEL PERSONAL: 9
LIMPIEZA: 9
BAÑOS: 8
VAJILLA: 8


21 de octubre de 2011

Los Pinchos de Andrea


Paseo Marinero Luis Torres, 3 bajo
30007 Murcia

www.lospinchosdeandrea.com

CALIFICACIÓN MURCIAx20:  7,44

FECHA DE LA VISITA: 18/10/2011
TIPO DE ESTABLECIMIENTO: RESTAURANTE
AMBIENTE: URBANO
PRECIO POR PERSONA: 15 €


Paseo, arte y rescate de la basura  Por Ariza en Tierra de Nadie


Buena comida, paseo grandioso, pinceladas de arte y un rescate de la basura. Así recuerdo la quinta misión de Murciax20, que nos llevó un mediodía de martes a un barrio poco frecuentado para lo que es la cosa gastronómica, al menos en mi caso: la Flota.


Sin tiempo ni presupuesto para aperitivos, acercándose el reloj a las tres de la tarde, entramos en Los Pinchos de Andrea, cerca de la Escuela de Hostelería y Turismo del Instituto la Flota. La comida, estupenda. El servicio, algo desganado para mi gusto. El local, menos acogedor de lo que prometía, y la charla, sobre todo con el maravilloso café Salzillo de acompañante en la terraza, animada y repleta de sueños y planes de futuro. Aunque no cuajen, hay que ver lo que entretienen. 

Tras el café nos dio por pasear y mirar los carteles de “Se vende” que adornan tantos balcones de Murcia. Y los que quedan. Mercedes se acercaba a su hora de yogur Smöoy y nuestros pasos se acercaron al centro, a la plaza de Santo Domingo. Pedro se sumó al capricho, y yo, siempre dando la nota, acabé catando: el dependiente de franquiciayogurlandia, muy majo, muy rubio y muy joven, me invitó a una mini tarrina. La verdad sea dicha, no estaba ni tan mal, aunque algo azucarado de más para mi gusto. El yogur, digo.

Continuó el paseo hasta la plaza de los Apóstoles y, en uno de esos arranques leoneses, Pedro entró en la Galería Babel, que este año cumple su vigésimo cumpleaños. Allí, un siempre atento y esforzado Javier Cerezo nos tomó nota para un sorteo de obras de arte, con el único ruego de difundirlo. Y ahí va el aviso a navegantes: sólo por entrar a la galería y dejar tu nombre y correo electrónico, tantas veces como quieras hasta el 29 de diciembre, aunque únicamente una vez al día, participas en el sorteo de serigrafías y esculturas de Alfonso Albacete, Manolo Belzunce, Cantabella, Gonzalo Sicre, Antonio de Felipe y Willy Ramos. En total, 35 obras. 

Aún pensando en continuar la sobremesa, y fichando para otra ocasión el Café de Ficciones –mezcla grunge de videoclub, cafetería y librería–, nuestro sueño (por un rato) de pasear por Madrid tuvo su premio: un pequeño armario-aparador abandonado a su suerte junto a un contenedor soterrado. Ni cortos ni perezosos, Mercedes y Pedro dijeron aquello de “pa casa”. Por quince euros, y con mobiliario incluido, quién da más.


RELACIÓN CALIDAD-PRECIO: 7

Un lugar nuevo Por Pedro García-Ordás




Siempre que llega mi turno para elegir el lugar del encuentro semanal Murciax20, me entra la desazón y pienso que mi elección va a ser aburrida, evidente y falta de un criterio lógico. Pero en esta ocasión no me sentí así, en el último momento di con un lugar nuevo y que aparentemente prometía: Los pinchos de Andrea. El único miedo que tenía era la falta de opciones en el menú, sólo pudimos elegir el postre, pero igual que a mí, les pareció satisfactorio a mis compañeras de viaje.




Comer en un lugar con la palabra pincho en su nombre y marcharse sin probar alguno, debe ser, como mínimo, pecado venial. Croqueta de chipirones fue la primera elección ¡de diez! Trozos de chipirón envueltos en una suave crema negra hecha de su propia tinta, muy fina. El otro capricho de la jornada fue el crujiente de bacalao, una pasta filo presentada como una góndola con sus extremos unidos  por arriba y que en su interior lleva una crema de bacalao. Muy suave y rica, pero para un incondicional del bacalao como yo, con poco sabor al rico pescado.

Ya centrados en el menú del día, nos pusieron una ensalada para compartir. Sin nada que destacar aparentemente, lechuga, tomate de pera y aceitunas, denotaba el oficio del cocinero en un aliño de los que cubren cada ingrediente perfectamente, casi sin acidez y sin resultar grasienta. Las aceitunas sin hueso, extraordinarias. 

De primero comimos habitas con jamón, no es su temporada y no estaban dulces, pero sí tiernas. Lo que menos nos gustó a los tres fue el plato de postre donde las sirvieron -¡burro grande, ande o no ande!- y más si la ración es generosa, como era el caso.

De segundo cominos unos calamares guisados con sus champiñones, guisantes, cebollita y de guarnición, un plato de patatas fritas al centro -de las de verdad- que nos dibujó una gran sonrisa a los tres. Un plato fuerte de lo más casero realizado con el oficio de la mejor madre. De postre elegimos el postre más elaborado, sopa de mandarina con helado de limón y un toque de canela. Ligero, agradable y muy digestivo.

En el tema bebidas, esta vez nos decantamos por los quintos de cerveza y sólo yo, para acompañar a los calamares, tomé una copa de vino blanco. Como no iba a ser menos en un lugar dedicado especialmente a los vinos, me pusieron un verdejo de Rueda contemporáneo, Menganito, más verde que frutal, de mi gusto.

En definitiva, Los pinchos de Andrea es un lugar puesto para que los que allí trabajan, disfruten haciendo lo que les gusta, por eso les deseo larga y saneada vida, en estos tiempos difíciles.


CREATIVIDAD: 9
MATERIA PRIMA: 7
ELABORACIÓN: 8
VINO: 7

PAN: 9
POSTRES: 7
Corrección Por Mercedes F Morote

Lo que llama la atención de Los Pinchos de Andrea es la gastronomía, y esa parte no me toca. Por lo demás, el restaurante es pura corrección, con un toque propio de cafetería nueva de barrio residencial. Un lugar algo anodino que seguro gana en las noches de fin de semana y en los talleres y catas que organiza. Pero se advierte en él cierta discordancia entre la calidad creativa de la cocina y el gusto en la decoración. Sobran las fotos de amigos (sumillers) en las paredes, la impresionante cámara de vinos que ocupa demasiado espacio, unas sillas que se pelean con el resto del mobiliario… detalles que pierden importancia en favor del cariño que se nota en un negocio que no se conforma con estar, y que ofrece alternativas a la habitual céntrica oferta murciana. 

FACHADA: 8
TERRAZA: 6
DECORACIÓN: 7

SERVICIO: 7

PRESENTACIÓN DEL PRODUCTO: 7
IMAGEN DEL PERSONAL: 8
LIMPIEZA: 9
BAÑOS: 7
VAJILLA: 6